Hace unas semanas publicamos un testimonio, que puedes leer aquí, con el título «He perdido los mejores años de mi vida». Un lector acaba de escribir, a modo de respuesta, contando su propia historia, muy similar a la del primer testimonio. Misma edad, mismo inicio de consumo, mismos patrones… El final es quizá lo más novedoso y diferente, con un grito de esperanza a la vida que todavía tienen por delante ambos protagonistas. Transcribimos a continuación el texto recién llegado:
Tengo la misma edad (32), creo haber empezado a consumir pornografía a la misma edad (12 o 13), amparado por una total falta de control parental (no los culpo, simplemente es como pasaron las cosas, no podrían haberlo imaginado) y pude blanquear mi problema con mi psicóloga también a la misma edad (27).
Igual que vos, siento rabia por el tiempo perdido y las experiencias no vividas. Pese a mi adicción, tuve relaciones, dos novias de 3 o 4 años… Pero eventualmente lo eché a perder, y acabé solo… Hoy día lidio con intentar «reeducar» mi cerebro a la realidad, ya que a veces sufro de problemas de disfunción eréctil.
También lo pienso en el plano académico. Siempre se me dijo que «tenía cabeza». Pero con eso nunca alcanza. La cantidad ridícula de tiempo que le dediqué al consumo de pornografía no salió gratis.
Hoy día estoy sin recaídas hace un tiempo, intentando normalizar mi vida, pero simplemente porque ya no tengo nada que ver, nada que me interese, aunque uno nunca sabe cuando puede volver a pasar. Me estoy obligando a vivir las cosas y situaciones incómodas de las cuales durante mucho tiempo me refugié en la pornografía.
En última instancia, lo que esto le hace a uno es quitarle la dignidad. Uno siente miedo de alzar la voz, de manifestarse, de disentir, de mostrarse decidido, porque por dentro lo carcome la vergüenza, y por eso, como dice Dostoievski, cuando uno deja de amarse a si mismo, por el camino se vuelve incapaz de amar a otros.
En mi caso, últimamente ya no se trataba ni siquiera con algo relacionado al placer; era simplemente un ansiolítico, una descarga de alivio como un cigarro, un porro, un whisky… Un escape a la ansiedad y una búsqueda para no lidiar con situaciones incómodas o que requieren un mínimo de esfuerzo.
Lamento mucho la poca atención que parece dársele al tema en el «mainstream» incluso hoy día. Plataformas como OnlyFans o PornHub no solo crecieron exponencialmente, sino que son tomadas como lo más normal del mundo. Los creadores de contenido se pasean por los canales de streaming hablando de las bondades de su trabajo, el dinero que ganan, etc. No es mi intención demonizar esa actividad (al fin y al cabo vivimos en libertad) pero sí me resulta alarmante que se le dé difusión como lo más normal del mundo.
Yo tampoco puedo evitar pensar cómo habría sido mi vida si no hubiera caído en este hábito adictivo. Pero lamentablemente no ganamos nada con eso. No nos queda más remedio que mirar adelante. Ánimo, tienes solo 32 años. Lo mejor está por llegar.
Un fuerte abrazo.


0 comentarios