Verano Detoxxx

Libérate

El verano es azul, verde, amarillo, rojo, lo que tú quieras. El verano, las vacaciones, están para descansar, olvidarte de tu vecino el del quinto, practicar un deporte nuevo, leer esa novela que lleva en tu mesilla de noche desde el verano anterior…, o encontrar el amor de tu vida, quién sabe.

Hay veranos que cambian una vida y otros que ni fu ni fa. Lo que está claro es que durante estas semanas, al menos en algunos países, el tiempo se detiene, las alternativas aumentan, y depende de cada uno, de cada una, cómo vivirlo, en qué gastarlo. El verano es un tiempo fascinante, pero todos conocemos esas tardes, y noches, eternas, esos ratos pegados al móvil abriendo apps que ni sabíamos que teníamos; en fin, tiempos muertos, posibilidades, amigos, amigas, calor. Y cómo no, el porno… muy cerca.

Esta colección de ideas, retos, o como quieras llamarlo, es simplemente eso: sugerencias que quizá te sirvan. Alguna dará en el clavo, muchas en la herradura. Son fruto de nuestra experiencia, de conversaciones…

Libera tu dopamina

Libera tu dopamina, tu mejor dopamina, en actividades y relaciones que realmente te gusten y te ayuden a ser más libre.

Busca el sentido

«Conócete, quiérete, supérate» es seguramente la mejor receta para vencer al porno.

¡Feliz verano!

Adolescentes y jóvenes

Los límites de lo que es porno y no es porno, lo que es violento o no, forman parte del sutil engaño de la industria, de las redes sociales. De ti depende aceptar o no, acercarte más o menos. Te lanzamos algunas ideas para vivir un verano lejos de esos límites y más cerca de una afectividad y sexualidad sana.

Busca espacios de ocio sin pantallas y reta a tus amigos/as para ver quién aguanta más tiempo sin usar el móvil o con un uso menor durante la semana.

Retrasa cinco minutos alguna gratificación (IG, TikTok, el FIFA, etc.). Entrena tu mente, fortalece tu autocontrol.

Deporte, deporte y deporte. Aunque estés cansadísimo o estemos en la séptima ola de calor. Cada día, al menos media hora de algo. ¡Tu cuerpo y tu mente lo agradecerán!

Decide qué tres cosas puedes hacer cuando estás en una espiral de recaída: un sudoku, llamar a un amigo, regar tu huerto… Cualquier cosa que no sea digital.

No duermas con el móvil en la habitación. Deja de usarlo 30 minutos antes de acostarte.

Selecciona lo que lees, lo que ves, lo que escuchas. Hay cosas mejores y peores, que te ayudan o te perjudican. Igual que seleccionas muy bien lo que comes y lo que bebes.

Conoce tus disparadores emocionales. Deja de seguir o silencia a esa persona o a esa cuenta muy graciosa, pero quizá con efectos colaterales que encienden detonantes. Haz una lista de emociones y alternativas. Por ejemplo: tristeza > llamar a mi mejor amigo/a

Activa tu dimensión social. El voluntariado con personas vulnerables nos sitúa en nuestra verdadera órbita. Combina cosas que te rentan con otras que no rentan tanto, pero son útiles.

Desactiva las notificaciones del móvil, activa las del corazón. Que te empiece a seguir alguien en redes, o que tengas 1K likes en diez minutos, vale menos que un abrazo a tu madre, a tu novio… o a tu mascota.

Planifica un poco tu día. El Triángulo de las Bermudas del porno lo forman el aburrimiento, la soledad y la curiosidad. Llena tu jornada de otras cosas, así el porno tendrá menos espacio.

Cuida tu alimentación y sueño. ¡Buena hidratación y comida saludable ayudan a cuidar tu mente! Fuera procesados y todo lo que genere adicción.

Aprende a meditar y respirar. No es ninguna estupidez, en serio. Te ayudará más de lo que te imaginas.

Cuando te veas sin fuerzas, no te lo creas. Identifica cuándo estás en tu prime y por qué.

Madres, padres, educadores

Ofrecemos algunas ideas para que pueden ayudar a que tu hijo, tu hija, o la persona que esté a tu cargo, no tenga tan a mano el consumo de pornografía. Estas propuestas buscan alternativas saludables, no simplemente anular o disminuir la visualización de estos contenidos.

Evita lugares o tiempos ciegos

Un lugar alejado de la casa, una buhardilla o un garaje, con perfecta conexión a internet. Tiempos extensos en los que tu hijo pasa horas sin saber qué hacer.

Establece pautas de uso del móvil

Por ejemplo, no tenerlo durante las comidas, o “aparcarlo” por la noche en un lugar común de la casa. La mejor de todas: usarlo lo menos posible.

Sus amistades, tus conocidos

Quizá, invítales a tu casa. Escúchales. De nada sirven mil protecciones o cuidados frente a un amigo o colega de verano con un uso inadecuado del móvil.

Habla con ellos de sexualidad

En el verano hay más tiempo, más situaciones propicias —playas, fiestas, etc.—, más momentos de intimidad, de no prisas. No desperdicies estas semanas hablando solo de olas de calor, de fichajes de fútbol o de si la tortilla es mejor con o sin cebolla.

Pon a tus hijos en modo acción

Deporte, excursiones, conciertos, clases de pilates, lo que sea. Las endorfinas ayudan a liberar tensiones, a relajar la mente y el cuerpo. La ansiedad, el control de los impulsos y las obsesiones agradecen cualquier actividad física. Al menos 30 minutos al día.

El mejor viaje es el interior

No todo es moverse en la vida. Ayúdale a que conecte con la belleza en la naturaleza, el arte, la música…

Leer es la mejor vacuna para casi todo

También para la pornografía. Que haya libros en casa, que estén a la vista de todos, que te vean leer y que sonrías o te rías a carcajadas mientras lees. Así comprobarán que la lectura puede ser incluso divertida.

La atención es el nuevo petróleo

Avanzar en esta capacidad es básico para que tu hijo o hija no tenga una dispersión continua, que favorecerá la búsqueda de gratificaciones y de evasiones frecuentes.

Confianza, la palabra del verano

Si logras que la confianza aumente durante estas semanas, el verano ha merecido la pena. Eso sí, la confianza es recíproca. ¿Te puedes dar a conocer un poco más con los tuyos? Este intercambio será básico para momentos turbulentos en el futuro.

El mundo emocional, todo un mundo

Ayúdale a trabajar esta parte de su vida con ejemplos del día a día, con respuestas que denoten estados de ánimo, para que se conozca mejor y distinga entre emoción y conducta. En el fondo, el porno es un mal ansiolítico, pero muy eficaz.

Ver, escuchar, conversar

Selecciona alguna serie, documental o película para ver con ellos. O escucha su playlist favorita. No será fácil, ya lo sabemos. Si lo consigues, felicidades desde aquí. Aprovecha para comentar algo de lo visto: una relación tóxica, un consentimiento viciado, si existe el amor verdadero, o mil cosas más.

Para quienes desean dejar la pornografía

Nunca es buen momento para dejar un hábito o una conducta adictiva. Además, el verano tiene muchos ingredientes para un menú rico en dopamina sexual: más tiempo, más calor, más ocio… y menos ropa. Lo sabemos, lo experimentamos. A la vez, también es una época perfecta para fomentar otras capacidades, habilidades, sentimientos. Adelante con el mejor verano de tu vida, libre de porno. No lo olvidarás.

Lanzamos unos consejos sencillos para afrontar cada día o para los momentos previos a la pulsión. Muchos de ellos los sugerimos a quienes acuden a nosotros, y estamos convencidos de su utilidad:

Localiza situaciones, objetos, lugares o personas que activan tu deseo de consumir. Trata de averiguar qué patrones se repiten en los momentos de recaída. Todo esto te ayudará a estar más atento en próximas ocasiones, incluso a sustituir hábitos.

Saca el máximo partido a tu recaída. Si has visto porno, aprovecha la ocasión y hazte alguna pregunta: ¿Qué ha pasado antes? ¿En qué pensaba? ¿Qué sentía? ¿Me ocurre cuando sucede algo relacionado conmigo, con otras personas, con problemas de otro tipo, con dificultades en el trabajo o la familia? En el fondo, ¿para qué la consumo?

La gente, mi salvavidas. Dedica tiempo a las relaciones sociales, aunque estés a 38º a la sombra. Si tus amigos o colegas están lejos, llámales, sigue en contacto. Y aprovecha para establecer nuevas relaciones o amistades en el lugar donde te encuentres.

Organiza tu día, no dejes que el día te desorganice. Que tu jornada en vacaciones no se divida en lo que haces “antes de comer” y “después de comer”. Cultiva aficiones, cuida una alimentación sana, duerme al menos siete horas. Si no te gusta el deporte, puedes optar por hacer a diario ejercicios asequibles en casa, en cualquier lugar.

Que corra el aire. En vacaciones, ojo con los lugares más escondidos de la casa donde te alojes. La pornografía es amiga de la soledad y del aislamiento; por tanto, busca espacios comunes, no cerrados ni encerrados.

Humaniza tus miradas. Si sales a la calle, y enseguida al ver a esa mujer o a ese hombre la cabeza se nubla y se activan detonantes, intenta ver más allá del placer sexual: es una persona con su biografía, su familia, sus problemas, etc.

Retrasa cinco minutos un deseo, ya sea comer un dulce, escuchar una canción o, como es lógico, ver pornografía. Y cuando tengas controlados cinco minutos ante los deseos, añade un minuto más, a modo de reto. Te ayudará a entrenar tu voluntad y a ir tomando las riendas de tu vida.

Infórmate de los efectos del consumo de pornografía y sobre la oscuridad que acompaña a dicha industria. Todo el tiempo que inviertas en aprender acerca de lo que consumes, y que te está haciendo daño, es tiempo que inviertes en tu recuperación.

Acepta la pulsión, aprende a manejarla. Cuando la necesidad de consumir pornografía aparezca, acéptala sin tener que saciarla, tolera la incomodidad. La vida no es perfecta; uno puede sentir carencias (hambre, sexualidad, frío, calor, desamor…), y a la vez ser feliz en el presente.

Plan de emergencia. Ten prevista alguna vía de escape cuando la conducta se activa (llamar a alguien, salir a la calle) y recordatorios que te lleven a valorar lo que realmente quieres (una fotografía de tu pareja o familia, un objeto que relaciones con algo positivo, etc.). Busca una app de ayuda o una persona cercana de confianza que comprenda tu situación.

Lo positivo siempre te acompaña. Piensa cada noche en tres momentos del día que te hayan gustado. No tienen por qué ser grandes cosas. Tal vez un buen desayuno, una conversación con tu pareja, la brisa marina… Este hábito ayuda a tener presentes las cosas gratificantes que tienes en la vida, más allá de la pornografía.