«He perdido los mejores años de mi vida»

por | May 11, 2026 | Testimonios | 1 Comentario

A los 12 años vi pornografía por primera vez de forma accidental. A partir de ese momento empecé a buscarla por mi cuenta y, con el tiempo, se convirtió en una adicción, aunque yo no era consciente de ello. Al fin y al cabo, solo era un niño. En aquella época ya existían ordenadores con acceso a internet, y la posibilidad de ver una cantidad prácticamente infinita de pornografía estaba a tan solo un clic de distancia. Además, apenas había información sobre los posibles efectos de su consumo, y en ningún sitio se advertía de que pudiera ser perjudicial. Se hablaba de los peligros de las drogas, el alcohol o el tabaco, pero no del porno.

Durante los años siguientes empecé a desarrollar comportamientos adictivos o compulsivos: aislamiento social, ansiedad social, falta de motivación y de energía, problemas de autoestima, aumento de la irritabilidad y una pérdida progresiva de interés por relacionarme de forma sana con mujeres reales. En otras palabras, el consumo de pornografía fue deteriorando mi bienestar psicológico y mi capacidad de relacionarme con normalidad. Sin embargo, yo no sabía que aquello podía estar relacionado con el porno; pensaba, erróneamente, que simplemente “yo era así”.

Si un niño de 12 años tiene un acceso tan fácil a la pornografía y termina desarrollando una adicción, cabe preguntarse: ¿es realmente culpa suya o de la sociedad que lo permite?

Cuando tenía 27 años empezaron a aparecer en YouTube vídeos que alertaban sobre los posibles efectos negativos del consumo de pornografía. Desgraciadamente, para entonces yo sentía que ya era demasiado tarde, porque ya tenía secuelas mentales e incluso físicas. Como ocurre con muchas adicciones, el consumo inicial dejó de ser suficiente y acabé cruzando ciertos límites. Me hice daño a mí mismo y eso me dejó secuelas que hoy me hacen sentir muy inseguro con mi propio cuerpo.

Desde los 27 años he conseguido reducir el consumo casi a cero, aunque no he logrado dejar la adicción por completo. Ahora que mi mente está algo más clara y racional, me cuesta creer que haya llegado a desperdiciar tantos años de mi vida o a hacer cosas que hoy me resultan difíciles de comprender. Pero también entiendo que mi forma de pensar entonces no era la misma: mi mente estaba condicionada por la adicción.

Hoy, con 32 años, estoy sin pareja y sin hijos. Sufro crisis de ansiedad, un profundo sentimiento de vacío por no haber cumplido ciertos objetivos vitales, un arrepentimiento intenso por las decisiones que tomé y por el daño que me causé a mí mismo, además de una gran rabia por todo lo que siento que he perdido. Tengo la sensación de que los mejores años de mi vida se han ido y de que también he perdido la oportunidad de tener a mi lado a una mujer a la que amar profundamente.

Como he mencionado antes, llevo intentando dejar el consumo de pornografía desde los 27 años, pero sigo teniendo recaídas. Cuando recaigo, los efectos son claros: pérdida de apetito, insomnio, ansiedad y una profunda sensación de vacío interior. A veces me pregunto si esos síntomas no son similares a los que provoca una droga.

En cierto modo siento que mi vida se ha visto dañada de una forma parecida a la de muchas personas que en la década de los 80 terminaron destruyendo su vida con las drogas porque en aquel momento se consideraban algo “moderno” o “atractivo”. En mi caso, ha sido una adicción inconsciente al porno la que ha tenido un impacto muy negativo en mi vida, y es algo que me produce una gran frustración.

En mi opinión, una buena sociedad es aquella que ayuda a cada ser humano a desarrollar lo mejor de sí mismo. Por el contrario, una sociedad que permite que los niños crezcan con acceso ilimitado a contenidos que pueden perjudicarles —como la pornografía u otras formas de consumo digital excesivo— está fallando en su responsabilidad de protegerlos. Una sociedad que normaliza ese tipo de dinámicas corre el riesgo de causar un daño profundo a las personas.

A menudo me pregunto cómo habría sido mi vida en un mundo sin pantallas. Probablemente habría dedicado mi energía a vivir experiencias reales, a relacionarme más con otras personas y a desarrollar mi vida de una manera más plena. La vida real no está en una pantalla; la vida real siempre está fuera de ella. Sin embargo, pertenezco a una de las primeras generaciones de la historia que ha crecido rodeada de pantallas, y eso ha marcado profundamente nuestra forma de vivir.

1 Comentario

  1. Juan

    Esta adicción, como otras, es algo «loco». Usted ve un video de pornografía y !Ya los vió todos! siempre es lo mismo, nada cambia. Entonces ¿Por qué si yo se que es lo que voy a ver, quiero verlo? ¿No les parece loco e idiota? pero lo seguimos viendo.
    Creo que como decía San Agustin debemos mirarnos hacia dentro (introspección) y tratar de descubrir qué es lo que me lleva a dar ese maldito clic.
    No se qué tanto influye la edad, pero sí creo que esto afecta a todas las edades y por diferentes circunstancias llegamos a ser victimas de tan grave mal. ¿a quién echarle la culpa? ¡no se!

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *