¿Es beneficiosa o perjudicial la pornografía para la relación de pareja? ¿Y si se consume juntos? ¿Es el porno el tercer integrante en tu relación? Analizamos, a través de varios estudios publicados, lo que dice la ciencia sobre el impacto de esta conducta en tantos aspectos de la vida en común.
Aunque socialmente parece normal ver “un poco de porno” y su consumo se presenta cada vez más como una realidad cotidiana y masiva, mientras no traspase algunas líneas rojas, lo cierto es que varios estudios muestran que esta práctica no es tan inofensiva como parece.
A través de una revisión de investigaciones internacionales y de una encuesta propia realizada en España, hemos realizado el informe “Incidencia del consumo de pornografía en las relaciones de pareja”, en el que se analiza el impacto de estos contenidos en la satisfacción sexual, la comunicación y la confianza mutua entre las parejas.
Un riesgo para la estabilidad
Según un estudio longitudinal realizado en la Universidad de Oklahoma, Estados Unidos, las personas casadas que empiezan a consumir pornografía tienen casi el doble de posbilidades de terminar en divorcio en comparación con quienes no lo hacen. Así es que si imaginabas una historia del tipo “y fueron felices para siempre” no dejes que entre el porno “en tu cama” porque no es tan “inocente” como parece. Este riesgo es especialmente alto entre los más jóvenes, donde las probabilidades de ruptura pueden dispararse hasta un 51% (1).
Además, otro estudio asocia el mayor consumo de pornografía con una mayor tendencia a involucrarse en relaciones sin compromiso (como amigos “con derecho”) y una disminución del valor del matrimonio y la capacidad de mantener relaciones sanas estando presente en aproximadamente el 56% de los divorcios (2).
La “brecha pornográfica”
Si hablamos de la brecha de género, también existe una brecha pornográfica. Y el problema no es cuánto consumen unos y otras sino la percepción que se tiene sobre ese consumo. El problema no es sólo cuánto se ve sino lo poco que se sabe del otro.
Esta brecha pornográfica se manifiesta no solo en la cantidad de consumo, sino también en el tipo de contenido, la percepción mutua y la aceptación social.
Ellas subestiman. Muchas mujeres creen que sus parejas ven menos contenidos pornográficos de lo que realmente lo hacen. Casi la mitad del consumo real es ignorado por ellas.
Ellos lo ocultan. Aproximadamente 1 de cada 4 hombres admite que esconde su consumo de pornografía por miedo a la reacción de su pareja y al rechazo o por falta de herramientas para hablarlo. Además, presentan niveles de consumo significativamente superiores a las mujeres en todas las etapas de la relación. Y no sólo eso, muchos hombres creen que la pornografía puede mejorar una relación con su pareja.
Un mito a examen
A veces se piensa que ver porno juntos puede ser un “incentivo sexual”. Sin embargo, algunas investigaciones sugieren que las personas con mayor salud sexual y las parejas más estables son precisamente aquellas que menos pornografía consumen, ya sea de forma individual o de forma conjunta.
En lugar de mejorar la conexión, el consumo frecuente de pornografía puede introducir expectativas irreales sobre el desempeño sexual (cuerpo y rendimiento, entre otros), lo que termina generando frustración y desconexión emocional.
Hay estudios que demuestran que si ambos miembros de la pareja ven pornografía con la misma frecuencia, esto no tiene un efecto tan negativo en la relación, sino que reduce su proporción. Por lo general, es más perjudicial para la relación cuando el hombre ve pornografía con mucha más asiduidad que la mujer.
En 2019, por ejemplo, un estudio llevado a cabo por investigadores egipcios, mostraba dos datos interesantes (3). Se comparaba la satisfacción sexual de los usuarios de pornografía con la de los no usuarios. En los grupos intermedios de personas moderadamente satisfechas e igualmente satisfechas, no hay mucha diferencia entre los que han visto o no pornografía. Sin embargo, entre los muy satisfechos con su vida sexual, solo el 6% veía pornografía, mientras que el 26 % no lo hacía. Y entre los que no están satisfechos con su vida sexual, un 38 % veía pornografía, mientras que solo el 13% no lo hacía.
El impacto en la autoestima y la confianza
No todo en esta vida es sexo, importa incluso más cómo nos sentimos. Según una encuesta realizada en España, las áreas más dañadas por el consumo de pornografía son:
- La vida sexual debido a las comparaciones con escenas idealizadas.
- La confianza, pues es precisamente ese ocultar lo que se ve lo que erosiona la base del compromiso.
- Y la autoestima, ya que es muy común que el otro miembro de la pareja se sienta insuficiente al competir con otros “estímulos externos”. 1 de cada 3 mujeres en el noviazgo teme que su pareja se sienta más atraída por la pornografía que por ella haciéndola sentirse insuficiente.
La importancia de poner límites
Aunque casi el 70% de los adultos muestra cierta aceptación hacia el porno, esa “aceptación general”, no evita el malestar cuando el consumo afecta a la propia relación. La mayoría de los encuestados coincide en que este debería ser un tema tratado y acordado explícitamente dentro de la pareja para evitar malentendidos y proteger la intimidad (4).
Antes de normalizar el consumo de pornografía, vale la pena preguntarse: ¿está sumando a mi relación o está creando una barrera invisible entre nosotros?
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Este informe académico que analiza cómo el consumo de pornografía actúa como un factor de riesgo en la estabílidad de las parejas actualmente ha sido realizado por alumnos de Derecho de la Universidad CEU San Pablo gracias al convenio de colaboración entre la Clínica Jurídica Pro Bono y Dale Una Vuelta. Se puede consultar completo en este enlace.
Referencias:


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