La noticia apareció en pleno agosto. Y, como es lógico, pasó desapercibida en medio de las vacaciones, el sol y los helados de pistacho, sobre todo para quienes viven en Europa. Por este motivo, hemos querido rebobinar y sacar a la luz esta historia, una de tantas, de hundimiento, valentía y superación.
Freddie Woodward es un clavadista británico que representó al Reino Unido en las Olimpiadas de Río de Janeiro de 2016. Hace unas semanas ha contado públicamente su experiencia con la pornografía y cómo llegó a convertirse, según sus palabras, «en algo que no podía controlar».
El saltador, al mismo tiempo que cumplía su sueño de ir a las olimpiadas, libraba una batalla personal que mantenía en silencio. Detrás de una carrera deportiva llena de éxitos, estaba luchando contra una verdadera adicción: la pornografía. Así lo cuenta en una entrevista publicada por la BBC durante este mes de agosto.
«El porno era lo que había, lo que siempre estaba ahí, a solo un par de clics de distancia, era en lo que podía confiar. No me planteaba ningún reto. Podía encontrar exactamente lo que buscaba. Y así, en ese sentido, era realmente un punto de apoyo», comparte Woodward en su perfil de Instagram durante una entrevista con el medio briránico Good Morning Britain.
Su testimonio tiene relevancia ya que pone de manifiesto lo que muchas veces ocurre: una persona puede trabajar, estudiar, tener una vida aparentemente normal e incluso exitosa y, al mismo tiempo, librar por dentro una gran batalla. El consumo problemático de pornografía (UPP) no es necesariamente evidente por fuera, es una adicción silenciosa que muchas veces pasa desapercibida.
Un consumo temprano para regular emociones
«Soy la primera generación que ha tenido acceso a pornografía por internet de alta velocidad».
Como muchos jóvenes de su generación, ha tenido acceso a la pornografía a través de internet a muy temprana edad. La diferencia, respecto a generaciones anteriores, es que internet ha hecho que el acceso a este tipo de contenidos pase de ser algo relativamente difícil a algo prácticamente inmediato, privado, podría decirse, y casi ilimitado y gratuito, desde cualquier pantalla. O como definió el psicólogo e investigador Al Cooper con las tres “A” del acceso a la pornografía a través de internet: accesible, asequible y anónima.
Si bien, el primer contacto con la pornografía fue a los 11 años de edad y motivado por la curiosidad, con 12 años ya visitaba sitios de contenido explícito incluso varias veces al día. Woodward reconoce que el primer contacto con la pornografía lo tuvo de forma accidental, pero fue justo el fácil acceso a Internet lo que le permitió volver una y otra vez.
Después de un entrenamiento que había salido mal, por ejemplo, podía recurrir a la pornografía como una forma de escape. «Si había tenido una mala sesión de entrenamiento, siempre podía recurrir a eso», indica.
La frustración, el aburrimiento, la soledad, la ansiedad o el estrés pueden convertirse en desencadenantes de este tipo de conductas. La persona no busca únicamente el placer, sino también aliviar un malestar.
Cuando comienza a interferir en la vida personal
«Me di cuenta de que tenía un problema con los deberes y los exámenes. Cada vez que me sentaba a estudiar, lo único que quería era abrir esas páginas web», señala.
Woodward cuenta además que su relación con el consumo de pornografía fue evolucionando y llegó incluso a intercambiar fotografías y vídeos íntimos con desconocidos a través de redes sociales. Este contenido pronto se filtró y terminó afectando la relación que tenía con su pareja de entonces.
«Estaba haciendo algo claramente irresponsable, pero no me importaba», reconoce.
«Me sentí tan avergonzado y destrozado. Simplemente no sabía cómo afrontarlo».
«Lo peor era que seguía sin poder dejar la pornografía. No podía parar. En ocasiones veía porno más de 10 veces al día».
Un cambio de perspectiva y el apoyo de su pareja
Tras darse cuenta de que no podía vivir sin pornografía decidió dejarla y ahora espera que contar su historia anime a buscar ayuda a quienes se sientan atrapados por este consumo.
Woodward cuenta que pasó aproximadamente seis años intentando dejar la pornografía antes de conseguir cambiar definitivamente su relación con ella.
Su experiencia le llevó a replantearse incluso la forma en la que se veía a sí mismo.
«No puedes ser la persona que está intentando dejar la pornografía. Tienes que ser una persona que no ve pornografía, y eso requiere mucho trabajo».
«No estás roto ni estás solo».
«Quise compartir esto con otros hombres, para hacerles creer que sí es posible, que sepan que no hay nada malo en ellos, que no añadan más vergüenza sobre sí mismos».
Su novia actual, Chica Izumi, ex nadadora artística japonesa, lo tiene claro, lo apoya al cien por cien sobre su decisión de hacer público su testimonio:
«Estoy muy orgullosa de él, de verdad, y me alegro mucho de que lo haya hecho. Sé que va a ayudar a muchísimos chicos y hombres. No puedo creer lo valiente que es al hablarle al mundo».
Gracias, Freddie, por contar tu historia, por habernos compartido tu mejor salto, tu mejor clavado, aunque no haya sido dentro de una piscina sino en un medio más grande, el océano de Internet. También enviamos un aplauso a Chika por apoyarle y enhorabuena por esa familia que crece 😉
Referencias:
BBC: «Luché contra una adicción a la pornografía al mismo tiempo que me preparaba para las Olimpiadas»
The Sun: «No estás roto»
Your Brain On Porn: «Fui adicto a la pornografía mientras entrenaba para los Juegos Olímpicos»
Instagram: Freddie Woodward y Chika Izumi
Fotografía portada: CNN en Español


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