En los últimos años el aumento de estudios científicos sobre el consumo de pornografía es incontestable. El crecimiento de estos trabajos ayuda a acercarse, con evidencias basadas en la ciencia, a la realidad de esta problemática, tan propia de nuestro tiempo y que todavía necesita un mayor desarrollo.
Ofrecemos una selección de 11 estudios muy recientes, todos correspondientes a los últimos dos años, con objetivos y enfoques diferentes, pero que tienen en común el abordaje de la pornografía.
1. El consumo de pornografía en varones adultos jóvenes y su relación con el estrés y los síntomas disociativos: un diseño transversal STROBE.
Privara, M. y Bob, P. (2026). Medicine, 105(20), e48856.
Los autores plantean la hipótesis de que las experiencias estresantes y disociativas de la vida previa se asocian a un mayor consumo de pornografía. Evaluaron a 1.100 varones jóvenes (edad media 27,55 años) entre enero y mayo de 2022. Los participantes con puntuaciones de estrés por encima de la mediana presentaron un consumo de pornografía y otros problemas sexuales significativamente mayores que quienes puntuaban por debajo. Los autores interpretan la relación como bidireccional: el estrés y el trauma previos deterioran las habilidades necesarias para construir relaciones interpersonales y sexuales, y el uso de pornografía puede rebajar la tensión psicológica interna; a la vez, la pornografía genera sentimientos ambivalentes —frustrantes y satisfactorios al mismo tiempo— que pueden afectar a la integridad mental y actuar sobre los síntomas disociativos. (Ver estudio).
2. Educación afectivo-sexual y tecnologías digitales en la educación básica: diseño de un programa educativo mediante un panel Delphi.
Aznar-Martínez, B., Soler Ortínez, D., Prats Fernández, M. À., Ballester Brage, L. y Ahufinger, N. (2026). Educar, en prensa, 1-16.
El estudio tuvo como objetivo diseñar un programa educativo que integrara las tecnologías digitales y la formación afectivo-sexual para prevenir la ciberviolencia sexual en primaria y secundaria. El artículo parte de que el acceso a internet sin restricciones ha generalizado el consumo de pornografía entre menores —el 90% de los adolescentes de 13 a 18 años ha estado expuesto a contenido pornográfico—, muchos jóvenes identifican la pornografía como su principal fuente de educación sexual, y la pornografía mayoritaria erotiza la violencia, refuerza estereotipos de género desiguales y dificulta identificar situaciones de abuso. Además, una revisión de los autores identificó 19 programas educativos publicados entre enero de 2017 y septiembre de 2022 y ninguno abordaba el consumo de pornografía. El consenso apunta a abordar estos contenidos de forma transversal en el currículo y subraya la necesidad de implicar a las familias y a toda la comunidad educativa y de garantizar la formación del profesorado. (Ver estudio).
3. Impacto del consumo de pornografía en niños y adolescentes: un enfoque basado en el trauma.
Alvarez-Segura, M., Fernández, I., El Kasmy, Y., Francisco, E., Gallo Martínez, S., Ortiz Jiménez, E. M. y Butjosa, A. (2025). Frontiers in Child and Adolescent Psychiatry, 4, 1567649.
Esta revisión propone analizar el consumo de pornografía en menores como un fenómeno potencialmente traumático. Recoge datos de prevalencia en seis países europeos. El 54% de los adolescentes está expuesto a pornografía en línea y un 24% la consume semanalmente; en Estados Unidos la exposición alcanza el 68,4%. Al mismo tiempo, el 75% de los padres cree que sus hijos nunca han sido expuestos, y el 90% del consumo se produce mediante dispositivos móviles. Los efectos son el desplazamiento del tiempo de estudio, el deterioro del rendimiento académico, la habituación y la reducción de la conexión emocional con las experiencias sexuales reales, elevación del umbral de placer, y menor empatía cognitiva y afectiva asociada a un consumo intenso. Su aportación central es el paralelismo con el trauma: el menor expuesto vive un conflicto similar al del testigo de violencia que impacta en la sexualidad y activa las respuestas al trauma: huida (aislamiento), lucha (autocontrol, agresión y coerción sexual como forma de manejar las propias emociones) y disociación (entrega absoluta y revictimización) aunque el impacto depende del contexto, la edad, el tipo de contenido y las características del menor. (Ver estudio).
4. Uso problemático de pornografía, psicopatología y conexión corporal: asociaciones y diferencias por sexo.
Engelhardt, R., Maes, J., Borgogna, N. C., von Oertzen, T., Potenza, M. N. y Kraus, S. W. (2025). Addicta: The Turkish Journal on Addictions, 12(3), 331-338.
El estudio examina la relación entre el uso problemático de pornografía, el malestar psicológico, la impulsividad y la conexión con el propio cuerpo. Participaron 1.525 estudiantes universitarios estadounidenses (609 hombres y 916 mujeres de 20 años de media) todos ellos consumidores de pornografía en el último año. Al analizar todas las variables conjuntamente, la asociación con el malestar psicológico se mantuvo significativamente más alto en los hombres. La impulsividad fue el correlato más robusto en ambos sexos. Los autores plantean que el uso de pornografía como estrategia para afrontar algún malestar podría ser menos eficaz en mujeres. (Ver estudio).
5. Empatía y sensibilidad interpersonal en el uso de pornografía y el uso problemático de pornografía: una revisión narrativa.
Hernández-Monferrer, M. M., Alcázar Ruiz-Escribano, B., Villena-Moya, A., Engelhardt, R. y Pérez-García, J. M. (2026). Current Addiction Reports, 13, 67.
Una revisión que sintetiza la evidencia sobre la relación entre el consumo de pornografía, la empatía y la sensibilidad interpersonal. De 299 registros localizados en PubMed y PsycINFO hasta marzo de 2026, se seleccionaron siete estudios empíricos con diseños experimentales, longitudinales, transversales y clínicos. Los hallazgos señalan que la exposición a la pornografía, especialmente de contenido violento, se asocia con menor empatía y mayor desensibilización emocional, menores respuestas empáticas hacia las víctimas de agresión sexual y mayor aceptación de los mitos sobre la violación. La pornografía no violenta se asoció con menor compasión hacia las mujeres y mayor insensibilidad sexual. En una muestra amplia de jóvenes españoles, los varones expuestos a pornografía físicamente violenta declararon menor empatía y menor asertividad sexual, y tanto ellos como ellas mostraron mayor aceptación de la violencia contra las mujeres. La empatía aparece también como factor protector y mediador frente a la violencia en la pareja. (Ver estudio).
6. ¿Hasta que el porno nos separe? Un examen longitudinal del uso de pornografía y el divorcio.
Perry, S. L. y Schleifer, C. Journal of Sex Research
Primer estudio que analiza la relación entre consumo de pornografía y estabilidad matrimonial. El resultado principal es que la probabilidad de divorcio se duplica entre quienes empiezan a consumir pornografía. La asociación se mantiene en mujeres y en hombres, sin diferencias estadísticamente significativas. Dejar de consumir pornografía se asoció con una menor probabilidad de divorcio, pero solo en las mujeres, cuya probabilidad pasó del 18% al 6%. Los análisis de moderación muestran que el vínculo entre iniciar el consumo y divorciarse es más fuerte entre los más jóvenes. (Ver estudio).
7. Psicoterapia para el uso problemático de pornografía: un metaanálisis exhaustivo.
López-Pinar, C., Esparza-Reig, J. y Bőthe, B. (2025). Journal of Behavioral Addictions, 14(2), 630-643.
Habla sobre la eficacia de la psicoterapia en el uso problemático de pornografía. El artículo parte de que la mayoría de psicoterapeutas afirma no tener información suficiente sobre este problema y, en un estudio con 186 clínicos, solo el 35% consideró que el tratamiento había sido algo eficaz y el 9,3% muy eficaz. Se incluyeron 20 estudios con 2.021 participantes (edad media 31,29 años; 84% hombres). La mayoría de intervenciones fueron terapia cognitivo-conductual y terapia de aceptación y compromiso, con una media de diez sesiones, mayoritariamente presenciales, individuales y aplicadas por un terapeuta. Quienes recibieron psicoterapia mejoraron significativamente más que los grupos control en uso problemático, frecuencia y duración del consumo y compulsividad sexual. No se encontraron diferencias entre terapia cognitivo-conductual y terapia de aceptación y compromiso, entre formato presencial y en línea, individual o grupal, ni en función de la edad, lo que los autores interpretan como indicio de flexibilidad terapéutica. Son datos relevantes dado que la vergüenza es una barrera de acceso al tratamiento. (Ver estudio).
8. Exposición temprana y riesgo emergente: un análisis de perfiles latentes de las trayectorias de uso de pornografía y sus correlatos psicológicos.
Way, B. M., Jennings, T. L., Grubbs, J. B., Gunawan, K. y Kraus, S. W. (2026). Computers in Human Behavior, 178, 108905.
El estudio distingue entre la edad de la primera visualización de pornografía —a menudo accidental o no intencionada— y la edad de inicio del consumo regular. Participaron 1.316 adultos estadounidenses (74,2% hombres; edad media 50,53 años). El análisis identificó tres grupos: 1. Los “consumidores tempranos” (67,5% de la muestra) vieron pornografía por primera vez a los 14,27 años de media y comenzaron el consumo regular a los 18,19. 2. Los “consumidores ocasionales” (7,3%) tuvieron la primera exposición más tardía (28,24 años) y el consumo regular a los 36 y 3. Los “consumidores tardíos” (25,2%) vieron pornografía por primera vez a los 14,48 años, pero no iniciaron el consumo regular hasta los 38,61. La conclusión es que la primera exposición no discrimina el riesgo pero sí lo hace el momento en que el consumo se vuelve regular. (Ver estudio).
9. Hacia un marco preventivo teóricamente fundamentado para el uso problemático de pornografía: el PPU-PrevFrame.
Castro-Calvo, J., García-Barba, M., Beltrán-Martínez, P. y Billieux, J. (2026). Acta Psychologica, 266, 106722.
El artículo propone un marco para prevenir el uso problemático de pornografía y parte de dos datos: entre el 3,2% y el 16,6% de los consumidores presenta signos de uso problemático, pero solo entre el 4,3% y el 10,2% busca ayuda profesional, y entre el 21% y el 37,1% de quienes se lo plantean desisten por estigma o coste. El marco distingue tres niveles. 1. La prevención universal, dirigida a la población general y especialmente a adolescentes en el ámbito escolar y a adultos en el laboral, se basa en educación afectivo-sexual integral y alfabetización pornográfica con enfoque sexo-positivo: información basada en evidencia y no moralizante, sin material explícito, adaptada a la edad e impartida por personal cualificado, que aborde desde la diferencia entre el sexo pornográfico y el real. 2. La prevención selectiva e indicada, para personas con factores de riesgo o síntomas subclínicos, añade componentes: explicar las características “adictivas por diseño” de la pornografía en línea (búsqueda por categorías, sugerencias personalizadas, miniaturas y scroll infinito, salto entre pestañas). 3. El autorregistro del consumo y el control interno (mindfulness, evitación de desencadenantes, distracción, reentrenamiento de la imaginación, recordatorios del conflicto, balance de ventajas e inconvenientes, contratos conductuales); el control externo mediante filtros configurados por la propia persona y el entrenamiento en regulación emocional y afrontamiento adaptativo además de periodos regulares de abstinencia. (Ver estudio).
10. Daño invisible: las consecuencias de la pornografía en la juventud neurodivergente.
Es una revisión realizada por Culture Reframed de la literatura con enfoque narrativo integrativo que examina cómo la pornografía afecta de forma específica a jóvenes neurodivergentes, principalmente autistas y con TDAH. El informe rechaza los marcos basados en el déficit y sitúa la vulnerabilidad en la interacción entre las diferencias del neurodesarrollo y unos entornos digitales diseñados para maximizar la implicación. (Ver estudio).
11. Trastorno por comportamiento sexual compulsivo (TCSC) y uso problemático de pornografía (UPP): una revisión narrativa exhaustiva, interdisciplinar e informada por personas expertas, con sugerencias de líneas futuras.
Ince, C., Antons, S., Ashton, S., Borgogna, N. C., Brand, M., Briken, P., Castro-Calvo, J. y cols. (2026). Journal of Behavioral Addictions, 15(1), 32-98.
Una revisión histórica que sirve para contextualizar el debate actual. Aborda desde las tradiciones religiosas y filosóficas hasta la medicalización del que comenzó a finales del siglo XIX, y la inclusión del término “sexualidad patológica”en la sexta edición de la CIE bajo la personalidad psicopática; ediciones posteriores situaron el impulso sexual excesivo entre los trastornos de personalidad, hasta que la CIE-9 introdujo un diagnóstico específico de “impulso sexual excesivo”. El DSM-III recogió cuestiones similares bajo “trastorno psicosexual no especificado”. Entre finales de los años setenta y los ochenta se multiplicaron términos como “adicción sexual”, “compulsividad sexual” o “impulsividad sexual”. En la década de 2010 se propuso el término “trastorno hipersexual” para el DSM-5. La revisión utiliza este recorrido para explicar por qué la clasificación actual sigue debatiéndose y por qué los autores reclaman criterios diagnósticos a partir de evidencia neurobiológica y conductual, estudios que comparen empíricamente este trastorno con los trastornos por consumo de sustancias, las adicciones conductuales y los cuadros de compulsividad, y un debate sobre si el trastorno por comportamiento sexual compulsivo y el uso problemático de pornografía deben clasificarse por separado. (Ver estudio).


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