Cuando se publican los datos de la Encuesta Nacional de Salud Sexual y otros estudios que analizan los hábitos de consumo de contenido pornográfico de la sociedad española, no podemos evitar preguntarnos qué tipo de educación sexual directa o indirecta están recibiendo los menores.
Está claro que estos hábitos de consumo afectan la vida de los individuos e impactan en nuestra vida cotidiana, pero ¿sabemos cómo se está construyendo la percepción que tienen sobre la sexualidad las próximas generaciones?
Desde la década de 1970 aproximadamente hemos pasado de un estilo restrictivo a uno más permisivo, pero al final las inquietudes y la condición humana siguen siendo las mismas; sin embargo, no podemos evitar preguntarnos si estos cambios en nuestros patrones de conducta nos están aportando mayor satisfacción o no.
¿Hemos cambiado tanto?
Casi 16 años después de la Encuesta Nacional de Salud Sexual (ENSS) realizada en 2009, en junio de este año se han publicado los datos de la segunda edición. Si los comparamos, podemos ver que hay cambios significativos en la frecuencia de consumo, las diferencias de género (actualmente el 88,1% de la población considera que una relación entre dos mujeres o dos hombres es tan respetable como una relación heterosexual, frente al 41% registrado en la rendición anterior) y el papel de la pornografía como fuente de información sexual. Sin embargo, la encuesta señala un descenso del grado de satisfacción con la vida sexual respecto a hace 16 años.
En 2025 casi la mitad de la población adulta en España (47,7%) afirma haber visto pornografía durante los últimos 12 meses, de estos 2,3% reconoce que mira este tipo de contenidos diariamente y 0,6% más de una vez al día. Por otro lado, un poco más de la mitad (52%) dice no haber visto pornografía durante el último año.
Aunque en la primera edición no se preguntaba precisamente sobre la frecuencia de consumo durante el último año, sí se preguntaba por el consumo de pornografía en general. En aquel entonces 33,2% afirmaba que no veía pornografía, de ahí se puede deducir que el otro 66,8% sí lo hacía. ¿Eso quiere decir que ahora se ven menos este tipo de contenidos? Lo único que podemos afirmar es que el contenido de hoy es diferente, más extremo y violento.
Ahora las primeras experiencias sexuales se inician más temprano. Si antes la edad media para tener una primera relación sexual se situaba un poco después de los 18 años, ahora ha bajado a 17,6 años de media, y 2,1% de los encuestados reconoce tener estas experiencias desde los 11-12 años. La pregunta es si la visualización de contenido pornográfico ha influido para que se busquen experiencias sexuales a más temprana edad.
La percepción del consentimiento
Sorprende que 45,3% de los encuestados en 2025 estén de acuerdo con que “si se acepta tener un encuentro sexual, hay que llegar hasta el final si la otra persona quiere”. Si 5,5% de las personas en 2009 había reconocido tener relaciones “contra su voluntad” en 2025, un 20,7% reconoce “verse forzado a hacer algo que no quería hacer” y 9,3% reconoce haber tenido la sensación de que “obligaba a una persona a hacer algo que realmente no quería”.
Lo que queda claro es que en términos de consentimiento hemos perdido la batalla y que la mujer es la más afectada: 28,1% de las mujeres ha afirmado “haberse sentido forzada a hacer algo que no quería en alguna relación sexual a lo largo de su vida”
Pornografía como modelo
Por otro lado, el informe “Enredados con las pantallas” de Aldeas Infantiles SOS nos revela datos contundentes: el 97% de los chicos y 78% de las chicas menores de 16 años han buscado pornografía online en un contexto en el que se ha normalizado tener teléfono móvil con acceso a internet ilimitado y con nulo o casi nulo control parental.
Y como revela otro estudio en el que participaron investigadores de la Universidad Complutense publicado por la Fundación The Family Watch, en mayo de 2026, el 44% de los menores de 12 años consume pornografía y solo 32% afirma haber tenido algún tipo de control parental durante la adolescencia.
El problema, como ya se ha dicho en innumerables ocasiones, es que a esta edad visualizar ese tipo de contenidos distorsiona el aprendizaje sexual de niñas, niños y adolescentes que reciben modelos de conducta en los que se replican prácticas violentas, degradantes y sin consentimiento muy alejadas modelos de relaciones afectivas basadas en el respeto.
Hablar, hablar, hablar
Frente a este contexto 9 de cada 10 personas considera que los centros educativos deberían impartir educación sexual durante la enseñanza obligatoria. Solo el 7% se manifiesta en contra de esta medida. El papel de los centros educativos ha ganado peso como referente informativo frente a las preferencias del pasado.
Según datos de la encuesta de 2025 publicada por el Ministerio de Sanidad, los profesores y educadores en colegios e institutos son la primera fuente de información sobre sexualidad mencionada por los encuestados con un 29,2% superando incluso a fuentes familiares siendo la madre 26,5% y el padre 18,6%.
Hablar de estos temas en centros educativos es positivo, siempre que vaya unido a la colaboración y protagonismo de las familias, cuando sea posible. Educar desde la primera infancia en el hogar es lo más natural, así como el lugar por excelencia para desarrollar la empatía y el respeto.
Referencias:
https://thefamilywatch.org/wp-content/uploads/NP-informe-de-vulnerabilidad.pdf


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