Para los no iniciados, PMO (Pornografía, Masturbación, Orgasmo) son tres letras unidas al placer y, paradojas de la vida, a la esclavitud. El movimiento NoFap (no masturbación), sin complejos y con no pocos seguidores en Estados Unidos, parece que también se abre hueco en países latinos.

Estas son las conversaciones reales de varios hombres y mujeres que se unen en una red social para salir, con el apoyo de unos y otros, de esta situación. Llevan tiempo, mucho tiempo, y han dicho basta. Pero la PMO no se deja vencer fácilmente. Es una guerra. Y una cárcel. Pero hay salida y lo saben. Y así lo cuentan.

“Buenas tardes, soy adicto al porno desde adolescente. Ahora tengo 40. Me masturbo dos o tres veces al día”. Es la entrada en escena de uno de los del grupo. El tema está como está. El pasado pesa. Otro razona así: “tenemos mucho sexo en nuestras cabezas por el porno. Por eso hay que desintoxicarse”. Y un tercero, sin rodeos, resume su situación en que “era como un drogadicto, necesitaba mi dosis”.

Cada día, todos aportan su granito de arena. Intercambian un catálogo de consejos, de ideas nuevas, de trucos que ayuden a alejarse de la tentación, a huir de los triggers –desencadenantes- de una nueva caída:

“A mí lo que me hunde es estar con mi tablet en mi casa por la noche”

“Si puedes salir a la calle, hazlo”

“Hay que intentar estar con gente siempre para no caer”

“El nivel de alerta debe ser 24/7”

“Cuidado el sábado y domingo: días de alto riesgo”

“La tristeza y el estrés son triggers muy gordos”

“Cambiar los hábitos del día a día es fundamental”

“Son tres minutos de placer y luego un día fatal”

“También me quité Instagram, que me hacía caer mucho”

 

«Hoy he vencido al monstruo»

El ánimo, la motivación, es capital y lo saben. Y se apoyan unos a otros sin cansancio; todo vale contra el enemigo común, porque “uno solo siente que no tiene fuerza suficiente para abandonar esto”. “Con voluntad todo se puede” y el vamos, vamos, vamos vuelve a retumbar con fuerza. Y el emoji más común, cómo no, el del brazo doblado con el puño cerrado haciendo el gesto de victoria. “Hoy he vencido al monstruo”, así acaba el día un veterano de guerra…

Contar y contar, y volver a contar. “Llevo 22 días. Ánimo a todos. Es posible dejarlo”. Pero de nuevo vuelta a empezar, porque “un soldado ha caído”, señala uno de los del grupo. Y enseguida, suelta otro: “segundo día sin porno, me encuentro bien”. Y responde un tercero: “yo he llegado a 10, este fin de semana es clave”.

También hay tiempo para descubrir los porqués, el extraño proceso que envuelve la pornografía, las adicciones, el mundo complejo del cerebro y las emociones. “Primero solo te masturbas cuanto tienes ansiedad; después lo haces te sientas como te sientas: si estás aburrido, pues fap; si estás contento, pues fap; que estás triste, fap”. “El no fap te cambia hasta la mirada”, sentencia uno de modo lacónico.

Así es la vida real de este pequeño grupo de gente valiente que lucha, que se levanta, que se da de bruces contra el barro una y mil veces. Pero vencerán al monstruo. Llegará su momento porque han decidido salir de esa cárcel. Una cárcel invisible pero real, porque está dentro de uno mismo.

“El porno es como un chute de sensaciones pero dura poco; es como una borrachera que luego tienes resaca”. Así se despedía uno de ellos. Y nosotros.