En el camino hacia la adicción, hay muchas paradas distintas a lo largo del recorrido que no tienen por qué ser adicción. Al fin y al cabo, como es obvio, no todos los que consumen pornografía se categorizan como adictos clínicos… Pero eso no implica que se vean libres del riesgo que supone estar en este resbaladizo camino.

Primero nos encontramos a aquellas personas que nunca han visualizado pornografía. Hoy en día, el número de estos perfiles es cada vez menor. Aunque no se acceda a una página pornográfica como tal, el acceso a imágenes muy erotizadas en las redes sociales o incluso en la publicidad, hace de esta experiencia un suceso muy común. Sin embargo, tras la primera visualización de un vídeo pornográfico, algo cambia. Se cruza un pequeño umbral, y se descubre un universo que puede traer pocas ventajas y miles de consecuencias.

Aquí es cuando comienza la pendiente resbaladiza.

Primera parada, el uso

Hay personas que consumen de forma esporádica, recreativa, “de vez en cuando”. El uso de pornografía implica pocas consecuencias inmediatas, ya sea sobre el que lo consume o sobre su entorno. Puede tratarse de gente que consume muy poca “cantidad” de material, o con una frecuencia muy escasa, o solo bajo momentos puntuales y breves.

Por la naturaleza de la pornografía, es más bien improbable conseguir que el uso se mantenga en un uso esporádico, por lo que, posiblemente este sea el punto en el que la persona no es consciente de que ya se ha adentrado en una relación con la pornografía. Una relación en la que, a cada uso adicional, se le suma un riesgo de acabar en la siguiente parada

Segundo parada, el abuso

En cuanto hablamos de abuso, ya nos referimos a una relación problemática con la pornografía. Esta relación problemática se reconoce por las consecuencias negativas que trae consigo, ya sean personales, familiares o sociales. Puede implicar un exceso de tiempo que se invierte, el uso en momentos inadecuados, o el abandono de tareas académicas o laborales.

En esta parada, la relación con la pornografía comienza a ocupar espacio en la vida de la persona, aunque no suficiente como para desequilibrar el funcionamiento de su día a día. Alguien en esta parada podría darse cuenta de que ver pornografía está comenzando a generar determinados efectos negativos en su vida, y decidirse a abandonar el hábito.

Sin embargo, el riesgo de este perfil es el de caer en la adicción, jugando en una delgada línea sin ser plenamente conscientes de ello.

Última parada, la adicción

¿Qué diferencia hay entre abuso y adicción? La pérdida de control. En esta última parada existe una clara dependencia de la pornografía, caracterizada por la conducta sexual compulsiva. Que algo sea compulsivo implica que se nos hace irresistible, se vuelve indispensable para saciar una necesidad. Es en esta fase en la que se abre el telón a los intentos fallidos de dejarlo, a las consecuencias a largo plazo como la impotencia o la pérdida de interés por relaciones reales, y a la tolerancia: la búsqueda infinita de algo más, un contenido que pueda saciar más y mejor que antes. Entre muchos otros efectos, la adicción es un estado en el que la ausencia de pornografía podría desencadenar la abstinencia, provocando verdadera ansiedad, irritabilidad, o un malestar significativo.

Hay muchas personas que opinan que para salir de esta situación todo es cuestión de “fuerza de voluntad”, pero cuando uno se encuentra sumido en la adicción, todo va mucho más allá. Tu cuerpo ha adoptado este hábito como un antídoto para sus necesidades, tanto emocionales como físicas, y la simple disciplina probablemente no será suficiente para cambiar de parada.

Por otro lado, encontramos muchas personas que se alarman al pensar que probablemente tengan una adicción, ya que presentan algo similar a una conducta sexual compulsiva. Sin embargo, aún mantienen el control de sus acciones, por lo que probablemente se encuentren en el umbral del abuso, donde un paso para adelante implicaría una caída en picado.

Proteger desde la prevención

Por todo esto, la primera visualización de un vídeo pornográfico es una experiencia a la que podríamos darle el título de “puerta de acceso”. Con ese primer vídeo, una pequeña puerta se abre y da acceso al riesgo de adicción. No todos los que la consuman se convertirán en adictos, pero al mismo tiempo, todos los que la consuman estarán en riesgo de convertirse. El que se encuentre en la primera parada, el uso, siempre puede avanzar a la segunda. El que se encuentra en la parada del abuso, está en riesgo de continuar con un mal uso y fomentar una adicción.

El único que se “mantiene a salvo” es aquel que nunca ha visto pornografía. El camino de la adicción es un recorrido en autobús, el cual va avanzando de parada en parada, sin retroceder. Encontrar salida de la adicción puede ser posible (y hay muchísimos testimonios de ello), pero eso no implica que sea fácil.

Este hecho es el que hace que prevenir esa primera visualización sea algo tan importante. Proteger a las personas de esa primera experiencia sería el movimiento más efectivo, porque nunca se sabe quién puede llegar a la adicción, o quien sabrá mantenerse en la primera parada. Sin embargo, hay otra herramienta eficaz para aquellos ya subidos al autobús: la consciencia. Destaparnos los ojos es el primer paso para identificar en qué parada estamos. Y sólo una vez sepamos ese dato es cuando podremos tomar las decisiones más efectivas, buscando la ayuda que sea necesaria.

 

Referencias:

Proyecto SOM: adicciones comportamentales

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