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Con el acceso a Internet se puede afirmar que la pornografía está prácticamente en cualquier parte. Para explicar por qué es tan fácil quedar caer en sus redes –nunca mejor dicho- se suele hablar de teoría de las cuatro “A”: anónima, asequible, accesible y aceptada.

Anónima. Desconocida, secreta. Cada segundo, 30.000 personas consumen pornografía en el mundo y muchas de ellas lo hacen para buscar un refugio, un lugar de escape para desconectar de una realidad con la que no están de acuerdo. Nadie tiene porqué enterarse. Eres uno más, de tantos, sin nombre, sin cara.

Asequible. No cuesta dinero, sobre todo al principio. Tan sólo es necesario tener una conexión a internet. El 25% de todas las búsquedas que se realizan en Google están relacionadas con material porno, lo que supone unos 68 millones de búsquedas en internet al día. Mucho por muy poco, ¿verdad?

Accesible. No hay que irse muy lejos para buscarla ni ser un experto para encontrarla. Ahí la tenemos, a la vuelta de la esquina, en cuanto se accede a Internet la oferta asciende a 200 millones de páginas web de contenido pornográfico. Lo difícil, casi, es no topar con ella.

Aceptada. Algunos consumen pornografía pensando que pueden aprender más de sexo, otros por curiosidad o simplemente buscando un entretenimiento. En cualquier caso, todos piensan que no hacen daño a nadie al consumirla. Y la sociedad asume que es un producto más, quizá algo sonrojante, pero qué le vamos a hacer…

Sin embargo, la pornografía puede tener consecuencias negativas para quien la consume y para las personas de su entorno. Esa búsqueda de placer inmediato de fácil y rápido consumo puede provocar una adicción. El consumidor de pornografía suele buscar contenidos sexuales con mayor frecuencia y cada vez más fuertes.

 

Desde aquí te animamos a que no consumas contenido pornográfico y le des una vuelta a tu vida sexual #StopPornStartSex

 

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