Padre no hay más que uno

por | Mar 19, 2026 | Prevención | 0 Comentarios

El Día del Padre, cómo no, es un buen momento para hablar de él. No del padre perfecto ni del padre ideal, sino de los padres reales: los que aciertan y se equivocan, los que a veces no saben muy bien cómo hacerlo y, aún así, dejan huella. Porque un padre no influye solo en las grandes conversaciones o en los momentos importantes. También educa en lo cotidiano: en cómo escucha, en cómo mira, en cómo corrige, en cómo pone límites, en cómo pide perdón y en cómo está presente cuando hace falta.

Y si hay una etapa en la que esa presencia se vuelve especialmente importante, probablemente sea la adolescencia. Es una etapa de frontera. Los hijos empiezan a pedir más espacio, más intimidad, más autonomía. A veces parece que necesitan distancia, pero muchas veces siguen necesitando referencia, acompañamiento y hogar, aunque no siempre lo expresen así (o más bien casi nunca). Quizá por eso ser padre en esos años tiene algo de arte: estar sin estorbar, sin invadir, pero estar. No desaparecer.

Hace falta para poner límites, sí. Pero también para escuchar, para intuir que algo pasa, para leer tantos silencios y para no mirar hacia otro lado cuando aparecen temas aparentemente incómodos, como la sexualidad.

Hablemos entonces de la educación afectivo-sexual. No tanto desde la idea de “dar una charla”, sino desde algo más cotidiano y más profundo. Porque hablar de sexualidad no es solo explicar algunas cuestiones biológicas o responder dudas puntuales. Muchas veces tiene más que ver con acompañar la forma en que un hijo va entendiendo el cuerpo, el afecto, el deseo, la intimidad, los vínculos, los límites o la manera de mirar al otro.

La figura del padre, queramos o no, suele tener bastante peso. Puede tenerlo en los hijos, que muchas veces observan en él una referencia de masculinidad, aunque luego hagan su propio camino. Y puede tenerlo también en las hijas, que muchas veces descubren en la relación con su padre una experiencia muy profunda de cómo se las mira, cómo se las escucha, cómo se las trata y cómo se las respeta.

Cuando asoma la pornografía

Los gestos cotidianos configuran una forma de estar en el mundo, por ejemplo, cuando habla un padre de otras personas, cuando mira, bromea, acompaña, etc. Todo, de una manera u otra, transmite. Por eso, si desde casa no se sale a jugar ese partido, otros terminan saltando al terreno de juego. Hablamos de amigos, pantallas, redes sociales, pornografía…

A veces la pornografía aparece muy pronto y de forma bastante desordenada en la vida de muchos adolescentes: por curiosidad, por presión del entorno, por aburrimiento, por soledad o por evasión. Lo importante será intentar que un hijo no se quede solo en sus «batallas»: que pueda entender lo que le pasa, que pueda hablar, que no piense que, si se equivoca, ya no hay vuelta atrás.

Si algo parece importante en la adolescencia, no es solo que haya normas, sino sobre todo que existan vínculos. Que sepan que sus padres están ahí no solo para orientar, sino también para sostener. No solo para poner límites, sino también para acompañar cuando algo se ha torcido. No solo para decir “esto no”, sino también para decir: “vuelve, hablamos, vemos qué hacemos con esto”.

No hace falta tener todas las respuestas. A veces basta con estar disponible. Con atreverse a sacar un tema. Con escuchar sin interrogar. Con no reducirlo todo a una prohibición. Con transmitir que cualquier conversación también tiene espacio en casa. Y eso puede marcar una diferencia enorme.

Tal vez por todo esto la figura del padre sigue siendo tan importante en la adolescencia.

Por eso el Día del Padre es también, hoy más que nunca, la Hora del Padre, una excelente ocasión para recordar algo sencillo: no hace falta ser el mejor, ni perfecto para ser importante. A veces, en medio de tantas dudas, basta con estar. Estar en casa. Estar en la conversación. Estar en las cosas de tus hijos. Estar cuando toca poner límites. Y seguir estando cuando toca acoger.

Padre no hay más que uno. Aunque existan muchas versiones en el cine.

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