“No tenéis por qué creerme pero la realidad es que la hipersexualidad te roba la vida. Todo comienza con una masturbación, a la que le sigue otra y otra… Intentas reflexionar al principio y lo achacas a la edad, a las amistades, a la falta o al exceso de afectividad, tal vez esa copa de más o esa novia de menos. Pasas por pensamientos y deseos que no puedes contener, y de los que te avergüenzas. Y cuando quieres darte cuenta ha pasado un año, y después otro.”

Así empieza Raúl su relato (nombre ficticio, testimonio real), en un taller para adolescentes.

“La palabra problema te atemoriza, sientes esa congoja y el sudor frio por la espalda, de tener que reconocer que es verdad, que tengo un problema. Las justificaciones y los remedios a medias son de lo más normal en este momento. Sientes que estás solo y te das asco. Te ves cayendo de un edificio e intentando aprender a volar mientras tanto; eres consciente de que tu vida va mal, muy mal.”

Los amigos siempre ayudan, pero no siempre aciertan:

“Lo peor es ir a tu amiguete de farra y que te diga que es normal, que todo el mundo lo hace, que no pasa nada.”

“Reconoce que tienes un problema, ponte a buscar la solución, con ayuda de tu padre o con un adulto en quien confíes, en alguien a quien secretamente admires (suele ser el mismo del que te ríes cuando estás con tus amiguetes).”

“Te darás cuenta pronto de que hacer caso al médico o al psicólogo no es tan malo, que como un avión que va cayendo en barrena necesitas golpes de timón primero a un lado y luego al otro, para poder estabilizarte: mantente constante, no hay remedios rápidos, confía en el profesional. Verás luces y sombras.

Raúl está venciendo la guerra, aunque le quedan muchas batallas. No hay lugar para el abandono, para el pesimismo. Y al final, unos consejos.

“Pero siempre estate seguro y tranquilo en tu desasosiego, la paz te llegara. Te sentirás libre, señor de tus propios actos, feliz de hacer lo que realmente quieres hacer, veras tu vida con nueva luz y nada ni nadie te la podrá robar.”

“Piensa en cómo te ves dentro de 10 y 20 años. Ayuda a elegir a los amigos de verdad, la novia, las aficiones, los defectos que no quieres tener y tienes, las virtudes que admiras y no posees.”
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